Muchas familias en Colorado ya están guardando las lociones de sol y las toallas de playa, debido a que se termina la temporada de natación del verano. Pero para muchos niños hispanos, esa temporada nunca comenzó.

Según un estudio realizado por USA Swimming, un 60 por ciento de los niños blancos saben nadar al final del verano, mientras que casi el 60 por ciento de los niños hispanos o afroamericanos sólo disfrutan de la parte playa de la piscina.

A pesar de que cada vez hay más niños hispanos en las piscinas públicas de Denver, eso no significa que esos niños sepan nadar, dijo Lisa Perry, supervisora de actividades acuáticas en el Department of Parks and Recreation de Denver.

"El interés de venir a la piscina y disfrutar del agua es una cosa. Pero cuando se trata de aprender a nadar, surge una disparidad (entre niños blancos y niños de minorías)", dijo Perry.

Los investigadores de la Universidad de Memphis que estuvieron a cargo del estudio de USA Swimming en el 2010 tuvieron grupos de encuesta en seis "ciudades diversas", incluyendo Denver, dijo Carol Irwin, profesora de educación física y una de las autoras del informe.

Entre los niños hispanos, el 58 por ciento no sabe nadar o lo hace muy poco. El 70% de los niños afroamericanos está en esa condición, según USA Swimming.

El no saber nadar es un problema serio, dijo Irwin. A nivel nacional, los niños de grupos minoritarios corren tres veces más riesgo de ahogarse que los niños blancos, según Irwin. Además, quién no sabe nadar no puede aspirar a becas para nadadores, ni conseguir trabajos relacionados con natación, aumentando así la disparidad.

De todos los participantes en los equipos del Club USA Swimming, de donde surgen los futuros nadadores olímpicos, sólo el 4 por ciento de los participantes son latinos, dijo Irwin.

Jestina Gomez, 7, se pone un flotador para nadar con su instructora Alesha Vertrees en el YMCA de la avenida Kenyon Avenue iel 8 de agosto del 2011.
Jestina Gomez, 7, se pone un flotador para nadar con su instructora Alesha Vertrees en el YMCA de la avenida Kenyon Avenue iel 8 de agosto del 2011. (Manuel Martinez/Viva Colorado)

"Los hispanos tienen talento para nadar, pero no siempre tienen esa oportunidad", comentó.

El estudio dice que los latinos, por razones culturales, se mantienen en el borde de la alberca, pero no se zambullen.

Los padres les pasan a sus hijos el miedo de nadar, dijo Irwin. Más de la tercera parte de los padres hispanos y más de la mitad de los padres afroamericanos encuestados en Denver dijeron que no sienten que los padres deben animar a sus hijos a nadar. Si los padres no tienen miedo a nadar, no consideran que saber nadar es necesario, sostuvo Irwin.

"Prefieren que sus hijos estudien artes marciales o basquetbol", comentó.

Patricia Borrego, miembro adulto de la Southwest YMCA en Denver, dijo que se siente a gusto en la zona baja de la piscina, pero que se siente ansiosa si va a la parte más profunda.

"Necesito yo tomar clases de natación", afirmó.

Borrego trajo a su sobrina, Justina, a las clases de natación que se ofrecieron todo el año, porque Justina quería aprender a nadar.

"A ella (Justina) le gusta el agua y queremos que esté segura", dijo Borrego, indicando que el único temor de su sobrina era flotar de espaldas.

Laurian Horowitz, dueña e instructora de Colorado Life Lessons, dijo que sus estudiantes adultos provienen de distintos trasfondos y que el temor al agua se ve en todos los grupos.

"Muchos de ellos nunca aprendieron a nadar porque sus padres tenían miedo o porque algo les pasó de niños. Y ahora, 30 años después, vuelven a nadar", dijo Horowitz.

Y el ciclo se repite. Según Horowitz, todo depende de los padres.

Perry, del Departamento de Parques y Recreación, sostuvo que los hispanos no aprovechan las clases de natación debido a la barrera del idioma. Aunque la información es bilingüe, son pocos los instructores y los salvavidas bilingües.

Pocos hispanos calificados buscan este trabajo pero los salvavidas conocen algunas frases en español, según Perry.

Heath Kohler, coordinador acuática de Southwest YMCA, dijo que la mayoría de los instructores usa gestos y demostraciones físicas.

 

Cerca del 40 por ciento de los usuarios de Southwest YMCA son latinos, según Correen Cool, la directora acuática de esa organización. Cool dijo que notó que más de la mitad de sus estudiantes hispanos expresaron temor en su primera clase, pero que rápidamente lo superaron.

El verdadero desafío es lograr que los participantes latinos sigan en las clases el tiempo suficiente, dijo Cool. Por eso, aunque el YMCA cuenta con muchos latinos, pocos son los miembros latinos del equipo de natación.

Según Irwin, la mayor parte de los padres de Denver encuestados por USA Swimming dijeron que el costo de las clases no era un obstáculo, aunque preferirían que ese costo fuese menor.

Y según Cool, casi la mitad de las familias latinas que envían a sus hijos a las clases de natación en al YMCA reciben subsidios para esas clases. Los descuentos dependen de los ingresos de la familia.

Irwin dijo que incluso aquellas familias con suficientes recursos expresaron dudas sobre permitir que sus hijos participasen en clases de natación.

"El miedo supera el factor económico", comentó.

Irwin aseveró que muchos de los padres encuestados compartieron sus propias ideas sobre cómo atraer latinos a clases de natación. Por ejemplo, se pueden ofrecer incentivos, o algún tipo de recompensa después que los hijos terminen las lecciones, o descuentos para hermanos tomando las clases juntos.

Irwin dijo que una mujer de Boston admitió que, cuando recibió ayuda por medio de programas de bienestar social, nunca se le sugirió que lleve a sus hijos a clases de natación.

Frank Lavenson, un ex jugador de los Broncos, dijo que se asombró al enterarse del porcentaje de niños de minorías que no saben nadar.

Por eso, decidió usar su negocio, Colorado Vault y Safe Deposit Box Company, como una manera de proveer fondos para los programas de becas de natación del YMCA, aunque dijo que reducir el costo de esas clases es sólo un factor para que los niños de minorías lleguen al agua.

Lavenson, afroamericano, manifestó que la barrera cultural es la más difícil de quebrar, indicando que se debe terminar con el miedo generacional de nadar. La comunidad y las escuelas, dijo, deberían participar de esa tarea.

"Nos ayudaría que las escuelas se convirtiesen en una avenida de educación", dijo Lavenson. Nadar es una habilidad que los niños no tendrían que pedir permiso para aprender.

Durante los últimos tres años, Cool dijo que el programa acuático de la Southwest YMCA se asoció con un profesor de gimnasia de las Escuelas Públicas de Denver para ofrecer clases de natación una vez por semana en la clase de gimnasia del tercer y cuarto grado.

"Muchos de esos niños llegan con miedo al agua, pero al final del año escolar nadan y lo hacen con más confianza", dijo Cool. "Una asociación con las escuelas realmente ayudaría".

Perry dijo que el Department of Parks and Recreation de Denver también ofrece programas a los hispanos y realiza promociones en escuelas y en ferias de trabajo para reclutar a salvavidas.

"Muchos niños no saben nadar, pero igual le mostramos lo que tendrían que hacer para aprobar el examen de salvavidas", dijo Perry. "De esa manera, los muchachos aprenden sobre posibilidades de trabajo, animándolos a considerar esos trabajos y el deporte de la natación".

Lee Ragon, instructor acuático del departamento de parques de Denver, afirmó que la actitud de los latinos hacia el agua está cambiando.

Los hispanos representan la mayoría de los visitantes a las piscinas públicas de Denver, por lo que cada vez se ven más salvavidas latinos y más equipos de natación latinos en las piscinas vecinales. "Los latinos son nadadores excepcionales", explicó Ragon.

Los padres latinos y sus hijos disfrutan juntos del agua, dijo Ragon. "Los padres quizá tengan miedo de ahogarse, pero los hijos no".