WASHINGTON - El presidente Barack Obama consiguió el martes la reelección pese al duro desafío que le planteó durante meses el candidato republicano Mitt Romney.

Obama salió airoso también a pesar de las dificultades económicas, incluido un alto desempleo que ha frustrado los sueños de millones de estadounidenses de clase media.

"Esto ocurrió por ustedes. Gracias", escribió Obama en Twitter, a sus simpatizantes.

Obama amarró un nuevo periodo de cuatro años al frente del gobierno con sus victorias en Ohio, Iowa, Nueva Hampshire y Colorado, cuatro estados considerados cruciales y que no tenían una inclinación marcada por algún partido. En esos estados, los dos adversarios y sus aliados desembolsaron casi 1.000 millones de dólares para el bombardeo de anuncios televisivos.

Eventualmente, el resultado podría ser la continuidad del estancamiento político.

Los demócratas ganaron dos años más como mayoría en el Senado y los republicanos estaban en camino de lograr lo propio en la Cámara de Representantes.

Romney estaba en Massachusetts, después de una larga y esforzada lucha por la presidencia, que no dio frutos.

Los dos rivales estaban muy parejos en la votación popular.

Romney había recibido 45,2 millones de sufragios, el 49%. Obama tenía 45 millones, la misma proporción, después del conteo de 65% de los distritos.

Pero Obama se impuso en los votos del colegio electoral, los que definen los comicios presidenciales.

Aseguró ya 284 votos electorales, 14 más de los 270 necesarios para concretar la victoria. Romney tenía 200.

Y la ventaja de Obama fue irremontable incluso antes de que llegaran los resultados en otros estados considerados decisivos, como Florida, Virginia y Nevada.

Las elecciones enfrentaron dos visiones muy distintas de gobierno: si éste debe ocupar un lugar protagónico, en la primera fila de las vidas de los estadounidenses, o si debe relegarse a un papel secundario, como un simple facilitador de la actividad de las empresas privadas.

La economía fue considerada el tema principal por aproximadamente el 60% de los votantes que respondieron a una encuesta a boca de urna. Alrededor de cuatro de cada 10 dijeron que la situación económica se está corrigiendo.

Más de la mitad opinó que la economía sigue igual de mal o se encuentra peor que en el estallido de la crisis en 2008. Pero una proporción significativa consideró que el ex presidente George W. Bush es más responsable que Obama por esta situación. La encuesta fue realizada a pedido de The Associated Press y de un grupo de cadenas de televisión.

Los demócratas tuvieron un buen comienzo en busca de conservar su mayoría en el Senado. Se apoderaron de los escaños de Indiana y Massachusetts, que estaban en manos de los republicanos.

En Maine, el ex gobernador independiente Angus King fue elegido para relevar a la senadora republicana Olympia Snowe, quien se retira. King no ha dicho con qué partido se alineará, pero los republicanos lo criticaron duramente en la televisión durante su campaña, y los demócratas se mostraron cercanos a su causa.

Cuando las casillas electorales aún estaban abiertas en gran parte del país, los dos rivales ya reclamaban algunas de las partes menos codiciadas del botín electoral, en un año en que la economía ha permanecido débil.

Obama estuvo en Chicago, donde esperó el veredicto del electorado sobre sus cuatro años en el cargo.

Dijo a los reporteros que había preparado dos discursos, uno para proclamarse triunfador y otro para reconocer la derrota.

En la jornada, tuvo palabras elogiosas para su rival.

"Quiero decir al gobernador Romney: 'Felicidades por una animada campaña'. Sé que sus simpatizantes están igual de entusiasmados y comprometidos, y que trabajan igual de duro hoy", dijo Obama.

Romney, a su vez, congratuló al presidente por realizar una "campaña fuerte".

El aspirante republicano decidió viajar a Ohio y Pensilvania en el mismo día de los comicios, y se mostró confiado mientras volvía a su casa en Massachusetts para esperar los resultados.

"Peleamos hasta el final y creo que por eso tendremos éxito", dijo, antes de afirmar que terminó ya de escribir el discurso con el que pensaba proclamarse victorioso.

Romney dijo que no había escrito un discurso para pronunciar si no conseguía el triunfo.

Pero el optimismo fue apagándose en el cuartel general de la campaña republicana a medida que llegaban los votos y que Obama tomaba ventaja en los estados críticos.

Once estados elegían gobernadores, en una jornada en que se sometían también a votación numerosas propuestas sobre tópicos que iban del matrimonio gay a las apuestas.

El costo de la larga campaña alcanzó los miles de millones de dólares, muchos erogados en duras críticas hacia los respectivos adversarios de los candidatos.

En la contienda por la presidencia, se difundieron aproximadamente un millón de anuncios en nueve estados sin preferencias claras: Ohio, Nueva Hampshire, Virginia, Florida, Carolina del Norte, Wisconsin, Iowa, Colorado y Nevada. Esos estados representan 110 de los anhelados 270 votos electorales y fueron el destino de numerosas visitas por parte de Obama, de 51 años, y Romney, de 65.

Durante la guerra de anuncios, que costó casi 1.000 millones de dólares, Romney y los republicanos erogaron más de 550 millones, mientras que Obama y sus aliados desembolsaron 381 millones, de acuerdo con organizaciones que dan seguimiento a esa información.

De acuerdo con la encuesta a boca de urna, un 52% de los votantes considera que Obama es más cercano al ciudadano común, frente a 44% que opinó eso de Romney.

Cerca del 60% opinó que los impuestos deberían aumentar, uno de los temas que más dividieron al presidente y a Romney. El presidente quiere elevar los impuestos a la gente de mayores ingresos, algo a lo que se opone Romney.