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El cambio demográfico que desde hace una década ocurre en el sur de Colorado, un área tradicionalmente hispana, y la nueva atención que esa zona ahora recibe por parte de autoridades estatales y federales ha permitido rescatar valiosas lecciones sobre la manera en que anónimos pioneros hispanos del pasado cuidaban el medio ambiente, según una arqueóloga local.

"Ciertamente ayuda que Ken Salazar, ahora secretario del Interior de Estados Unidos, y su hermano John, comisionado de agricultura de Colorado, sean de la zona del Valle de San Luis, ya que ellos conocen la gente y los temas del sur de Colorado", dijo la Dra. Bonnie Clark, profesora asociada de antropología y arqueóloga en la Universidad de Denver.

"Pero el área incluye numerosos sitios de interés arqueológico relacionados con las familias hispanas que llegaron a la región a mediados del siglo XIX y que desde 1860 a 1980 representaban a más del 90 por ciento de los habitantes de esa zona", agregó.

En enero de este año, Clark publicó su libro "On the Edge of Purgatory: An Archaeology of Place in Hispanic Colorado"(Al borde del Purgatorio: Arqueología de lugares en Colorado Hispano) en el que explora la "historia no escrita" de la población hispana en esa zona del sur del estado.

En sus investigaciones, Clark combina excavaciones arqueológicas con etnografía contemporánea y con historia tanto oral como escrita.

Sobre la base de esas investigaciones, realizadas en parte junto a sus alumnos, Clark examina la vida diaria de diversas poblaciones en el sur de Colorado desde la llegada de los primeros europeos hasta las primeras décadas del siglo pasado.

Ese análisis le permitió descubrir, dijo, el impacto que los cambios económicos y políticos en la región tuvieron en la identidad de los grupos que allí vivían, así como el papel que los hispanos tuvieron durante cientos de años en el desarrollo de la identidad étnica en Colorado y en el oeste del país.

Ese enfoque es lo que ella describe como "pensando en el presente por medio del pasado". Y una de las principales lecciones, indicó Clark, es la manera en que las familias hispanas podían convivir con la naturaleza, aprovechando recursos naturales renovables, pero sin "explotar" esos recursos ni contaminar el lugar.

Clark comenzó sus trabajos arqueológicos en el sur de Colorado en 1993, como parte de un equipo que estaba catalogando sitios arqueológicos y arquitectónicos en el Sitio de Maniobras Piñon Canyon (PCMS en inglés), que desde hace tres décadas le pertenece al Departamento de Defensa de Estados Unidos.

El PCMS es un área de más de 236.000 acres (95.000 hectáreas) al sureste de Pueblo, junto al Río Purgatoire (versión francesa de "Purgatorio"), entre las ciudades de La Junta y Trinidad.

Clark regresó al área en el 2000 para realizar excavaciones arqueológicas como parte de su disertación doctoral, que completó en el 2003 en la Universidad de California en Berkeley. Casi una década después, aquella disertación se publicó en un libro "que explora el Colorado Hispano, que es tanto un lugar como un pueblo".

Clark y sus colaboradores se enfocaron en La Placita, nombre que le dieron los investigadores a un lugar anónimo y abandonado en el que vivieron por lo menos durante diez años en la segunda mitad del siglo XIX varias familias hispanas que conformaban una "comunidad regional".

Esas familias aprovechaban los recursos que les ofrecía la tierra, por ejemplo, capturando el agua de lluvia y de vertientes, orientando la casa hacia el área con mayor cantidad de horas de sol (el sur), utilizando materiales del lugar para la construcción de viviendas y alimentándose con lo que podían cazar o cultivar.

Sin embargo, la llegada del ferrocarril y de la minería a partir de 1880 marcó "el fin de una era", ya que obligó a los hombres a irse a trabajar fuera de sustierras y eventualmente llevó al abandono de esas tierras y viviendas.

"Los anglos se hicieron cargo de la región y provocó el olvido de la historia de la presencia hispana. Pero los rastros físicos de esa presencia todavía están allí, desde la arquitectura hasta los desperdicios", dijo Clark.

"Los hispanos trabajaban y vivían en sitios como La Placita. Sus niños allí jugaban, porque hemos encontrado juguetes. Aunque los niños también trabajaban, por ejemplo, cazando conejos, debe haber sido un increíble lugar para ser niño", agregó.

Según Clark, los anónimos hispanos de aquella época enseñan una importante lección para el presente, la de "vivir de la tierra usando los recursos necesarios, pero sin exagerar".

"Ellos realmente conocían la tierra. Vivían en un lugar hermoso y socialmente activo. La Placita era el escenario para socializar. Era una manera de mostrar que no querían ser anglos y que se conformaban con lo que tenían", indicó Clark.

Para esta antropóloga y arqueóloga, la manera en que los hispanos se relacionan con la tierra es muy distinta que la manera en la que los anglos lo hacen. "La Placita es un testamento al amor que los hispanos le tenían a su tierra", afirmó.

Hacia 1900, sólo el 18 por ciento de los hispanos aún conservaba sus tierras y viviendas. La Placita, dijo Clark, es un ejemplo de lo que sucede cuando familias autosuficientes son forzadas a entrar en una economía de salarios.

"Allí también tenemos lecciones para aprender", expresó.