GUACHOCHI, México - Han pasado meses desde la última vez que María Luisa González y su marido pudieron cosechar algo en su parcela, afectada por la sequía. Tampoco han podido pescar en un lago que ahora parece más bien un fangal.

Como otros indígenas rarámuris que sufren la severa sequía en las extensas barrancas del norte de México, González dijo que no había recibido ayuda hasta fines de enero, casi dos meses después de que el presidente Felipe Calderón afirmó que había evaluado los daños por la sequía y que su gobierno atendía la crisis.

La Secretaría de Gobernación (minis-terio del interior) declaró un estado de emergencia en 37 municipios de la Sierra Madre Occidental, donde se encuentra la región Tarahumara, nombre que se da también a los indígenas que la habitan, quienes prefieren llamarse rarámuris.

La primera parte de la ayuda federal se comenzó a repartir recientemente, y el gobierno organizó un acto especial al que asistieron periodistas y el propio Calderón. Su esposa, Margarita Zavala, ayudó al mandatario a colocar cajas de víveres en un avión, sobre una pista rural de aterrizaje en el estado de Chihuahua, donde los rarámuris viven, a veces dentro de cavernas, en un conjunto de montañas y barrancas más extenso que el Gran Cañón del Colorado en Estados Unidos.

"Quiero enfatizar que la atención de la Sierra Tarahumara siempre ha tenido la máxima prioridad para mi gobierno", dijo Calderón en una conferencia de prensa, en la que añadió que la Marina distribuiría 119 toneladas de alimentos.


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Pero González dice que las promesas de distintas autoridades se han incumpli-do desde octubre, cuando sus parcelas no dieron cosecha alguna de maíz, papa o frijol.

"No nos había llegado nada", dijo la mujer de 67 años. "Si sigue así, vamos a morirnos de hambre, porque, ¿de donde vamos a agarrarnos? Está seca, seca la laguna".

El 1 de diciembre, Calderón dijo que su gobierno tenía controlado el problema, originado por la peor sequía que ha afectado el norte de México en 70 años. Un viaje realizado a la región mostró que las familias estaban recibiendo donaciones privadas, pero muy poca ayuda del gobierno. Incluso las autoridades del estado de Chihuahua reconocieron que la respuesta ha sido lenta.

Jesús Velásquez, coordinador de un programa que distribuye recursos del estado a los rarámuris, dijo que la ayuda tardó mucho.

No había, sino hasta la llegada de Calderón, un programa federal para atender el problema, dijo el funcionario, quien coordina también las iniciativas de asistencia alimentaria con la Marina y con organizaciones privadas. Sin embargo, señaló que hace falta mucho por hacer.

 Una indígena Rarámuri recibe asistencia médica en una clínica en el pueblo de Carichi el 18 de enero. Durante el pasado año, las condiciones de vida de
Una indígena Rarámuri recibe asistencia médica en una clínica en el pueblo de Carichi el 18 de enero. Durante el pasado año, las condiciones de vida de estas comunidades indígenas han empeorado debido a una intensa sequía. (AP)

El 4 del mes, el gobierno federal emitió un comunicado en respuesta a preguntas que le había enviado la AP. El documento mostró imágenes de Calderón, distribuyendo alimentos y frazadas, el 30 de noviembre.

La declaración señaló que se ha intensificado el apoyo desde enero, involucrando al Ejército y a la Marina.
El 24 de enero, la Secretaría de Desarrollo Social comenzó a distribuir cajas con 10 kilos de alimento cada una en 107 albergues ubicados en la región. El subsecretario de esa dependencia Luis Mejía dijo que el envío de alimentos llevó tiempo porque los funcionarios no podían pagar las labores logísticas sino hasta que se declarara el estado de emergencia.

En tanto, los problemas de la Tarahumara se han convertido en una oportunidad para que algunos políticos se saquen fotografías mientras entregan ayuda. También se ha vuelto un tema explotable por los distintos partidos en un año de elecciones presidenciales, al poner de manifiesto la pobreza en la que vive una inmensa mayoría de los indígenas.

Enrique Peña Nieto, el candidato del Partido Revolucionario Institucional, de oposición, y favorito en las encuestas para los comicios presidenciales de julio, acudió a la región dos días después, para declarar que el gobierno no hacía nada para ayudar.

 

Todos, desde el alcalde de la Ciudad de México, Marcelo Ebrard, hasta partidos políticos, organizadores de actos deportivos y ciudadanos comunes han orquestado iniciativas de ayuda para la Tarahumara. Los rarámuris han sido durante mucho tiempo un símbolo de fortaleza y resistencia para los mexicanos, y han inspirado a los maratonistas de varios países, pues ha habido casos de algunos que corren hasta 100 kilómetros (60 millas) sin descanso, a través de la montaña y calzados sólo con sandalias.
De hecho, rarámuri significa "los de los pies ligeros".

Los habitantes del pueblo Laguna de Aboreachi dicen que el primer envío de ayuda llegó la primera semana del mes, no del gobierno, sino de un equipo de rescatistas sin fines de lucro, con sede en la Ciudad de México y conocido como Los Topos. Ese grupo, especializado en salvamento de víctimas de terremotos, envió un camión cargado con 14 toneladas de comida, agua, frazadas y ropa usada.

El pueblo se ubica apenas a una hora de camino de Guachochi, el centro de distribución de ayuda para 250.000 rarámuris en las montañas de la Sierra Madre. Antes de la intervención del gobierno federal, la AP no percibió señales de que hubiera una gran operación de ayuda.

Los funcionarios estatales dicen que han distribuido ayuda desde noviembre, pero que ésta ha llegado sólo a la mitad de las 70.000 familias necesitadas. Los 50 kilos (110 libras) de maíz, 20 kilos de frijol y dos kilos de salchichas que se han entregado duran sólo alrededor de un mes, y los trabajadores asistenciales deberán emprender otra ronda de entrega, cuando se agote el alimento.

Incluso con el arribo de camiones y aeronaves que transportan víveres, es difícil llegar a la gente que vive en las barrancas, a las que puede llegarse sólo a pie o a caballo.

"Son miles de comunidades", dijo Velásquez. "No podemos llegar de lleno con todo porque no hay el recurso para bañar la sierra. La multitud de comunidades que hay no permite hacerlo al mismo tiempo".

Los rarámuris enfrenta escasez de alimentos cada invierno, por el intenso frío y el terreno agreste.

Durante esa época, muchos emigran a las ciudades, donde viven en las calles.

La desnutrición entre los pobladores es alta, y la Secretaría de Salud informó en un documento que data de 2009 que el índice de mortalidad infantil entre los tarahumaras es de 95 entre cada 1.000, más de cinco veces el promedio nacional, principalmente debido a la mala alimentación. En el último año, sus condiciones de vida han empeorado por la sequía extrema.

El flujo de la ayuda comenzó después del 15 de enero cuando un funcionario municipal en Carichi dijo a un canal de la televisión local que algunos rarámuris estaban saltando a los precipicios, ante la desesperación por no poder alimentar a sus familias.

La ayuda no cesó siquiera después de que el gobierno de Chihuahua, la Cruz Roja Mexicana y otros funcionarios desmintieron los reportes.

Tomás Ruiz, representante del Consejo Supremo de la Tarahumara, una organización de defensa de los indígenas, dijo que la ayuda sólo llega a las aldeas más grandes y accesibles en la sierra, de modo que las autoridades puedan difundir ante los medios la ayuda que entregan.

"Sí necesitamos la comida, pero no es lo que buscamos", dijo Ruiz. "Lo que buscamos es un apoyo que realmente nos saque de nuestra pobreza, nuestra marginación, de nuestro aislamiento... que tengamos trabajo con un proyecto grande que valga la pena, no una despensa".

Guadalupe Bustillos, de 45 años, dijo que, algunos días, el único alimento que habían probado ella y su esposo había sido una mezcla de polvo de maíz, llamada pinole, que se sirve en un vaso con agua. La semana anterior, cuando vio un camión que transportaba ayuda de Los Topos, consiguió una bolsa llena de botellas de agua, arroz, atún y ropa usada.

Además de los esfuerzos estatales, la Cruz Roja redobló la ayuda alimentaria a esa región, de las cinco toneladas que entregaba normalmente durante el invierno, a 300 toneladas de comida enlatada, que llegó en ferrocarril en las últimas semanas.

Velásquez ha recibido los alimentos en el pueblo de Guachochi, llamado el corazón de la Sierra Tarahumara, donde los camiones con ayuda estatal llegan esporádicamente tras un recorrido que lleva horas por las estrechas y sinuosas carreteras que cruzan las montañas.

En un día reciente, decenas de indígenas se congregaron en el patio de una casa en Laguna de Aboreachi, donde aparcó el camión de remolque que llevaba los alimentos. Los bebés se aferraban al pecho de sus madres que los amamantaban, sosteniéndolos con una tela tejida a mano, mientras los indígenas esperaban en la fila para obtener paquetes de comida y botellas con agua.

La Laguna de Aboreachi, donde algunos habitantes solían pescar truchas, es ahora un lodazal. El aserradero que empleaba a varios indígenas cerró.

Macario Gómez, director de transporte de la Cruz Roja Mexicana en la región, dijo haber visto una movilización como ninguna otra por parte del gobierno de Chihuahua, con la entrega de más de 1.000 toneladas de alimentos.

"La sierra es el talón de Aquiles del gobierno del estado", dijo Gómez.

Pese a la ayuda, dijo que es cada vez más común que los indígenas caminen entre cinco y seis horas sólo para obtener algunos granos y agua. Afirmó que algunos se han marchado incluso con las manos vacías.