WASHINGTON - Cecilia Muñoz, asesora en jefe de política interna del presidente Barack Obama, tiene una carta enmarcada del fallecido senador demócrata Ted Kennedy en su oficina en la sala oeste de la Casa Blanca.

"No hemos completado el viaje, pero vamos a llegar allí", escribió Kennedy en 2007, cuando se desplomaron los esfuerzos bipartidistas para reformar el fracturado sistema de inmigración de Estados Unidos.

Muñoz, una veterana de esa lucha y de muchas otras antes, nunca ha percibido tan cerca la sensación de completar ese viaje.

Como jefa del Consejo de Política Interior de la Casa Blanca, Muñoz encabeza el esfuerzo de Obama para romper con años de estancamiento partidista y darle un camino hacia la ciudadanía a millones de personas que residen sin autorización legal en Estados Unidos.

"Definitivamente camina con más bríos", dijo Valerie Jarrett, alta asesora de Obama, refiriéndose a Muñoz. "Pero no da nada por descontado".

Fuertes cambios en el panorama político han colocado la reforma de las leyes de inmigración atractivamente cerca para Muñoz y el presidente. Los hispanos representaron el 10% del electorado en los comicios de noviembre y Obama ganó dos terceras partes de sus votos, en parte debido a las posiciones conservadoras en materia de inmigración asumidas por los republicanos durante su proceso de nominación.

Las elecciones generales obligaron a algunos legisladores republicanos a reconsiderar su oposición a cambios profundos en las leyes de inmigración, lo que allanó el camino para el rápido consenso que ha surgido entre la Casa Banca y legisladores de ambos partidos en las últimas semanas.

Las áreas de acuerdo incluyen una vía a la ciudadanía para la mayoría de los 11 millones de personas que viven en Estados Unidos sin la autorización debida, fortalecer la seguridad en la frontera con México, mejorar la eficiencia del sistema de inmigración legal y castigar a las empresas que emplean a personas sin la documentación necesaria.

Pero se espera que definir los detalles de las propuestas sea un proceso contencioso y emotivo, lleno de obstáculos.

El diario USA Today reportó el sábado que la Casa Blanca está haciendo circular un plan para crear una visa para los extranjeros sin autorización para vivir en el país que ya están en Estados Unidos. La propuesta les permitiría convertirse en residentes legales en un plazo de ocho años.

Muchos conservadores de oponen a ofrecer un camino a la ciudadanía para estas personas, calificándolo de "amnistía".

Pocas personas conocen mejor que Muñoz los obstáculos que enfrenta el debate sobre la inmigración. Muñoz dedicó dos décadas de su vida al activismo en favor de los derechos de los inmigrantes en el Consejo Nacional de La Raza, la mayor organización de defensa de los hispanos del país. Allí se ganó la reputación de defensora feroz con un profundo conocimiento de la política de inmigración, declaró con frecuencia ante el Congreso y ofreció orientación a varios legisladores, entre ellos Kennedy, demócrata por Massachusetts.

En ocasiones Muñoz ha roto con su propio partido para defender los derechos de los inmigrantes. En 1996 lideró la oposición a una cláusula de la ley de bienestar social del presidente Bill Clinton que prohibía dar cupones de alimentos y otra asistencia pública a los inmigrantes que no fueran ciudadanos estadounidenses. El cabildeo de Muñoz y otros obligó al Congreso a aliviar algunas de las restricciones.

Janet Murguia trabajaba entonces en la oficina de asuntos legislativos de Clinton y se encontró en una postura opuesta a la de Muñoz.

"Yo conozco los dos lados de Cecilia y quiero asegurarme de no estar del otro lado de nuevo", dijo Murguia, quien más tarde trabajó con Muñoz en La Raza y ahora es presidenta de la organización.

Algunos de los mismos obstáculos que Muñoz enfrentó como defensora de los inmigrantes la han seguido a la Casa Blanca.

La promesa de Obama de tratar de solucionar el tema de la inmigración durante su primer período presidencial enfrentó una fuerte oposición de los legisladores republicanos. A pesar de contar con un Congreso controlado por los demócratas en ese momento, la Casa Blanca no pudo lograr en 2010 la aprobación del DREAM Act, un proyecto de ley que daba el estatus legal a los jóvenes que fueron traídos al país cuando eran niños por sus padres sin la autorización debida.

Melody Barnes, quien precedió a Muñoz en la Casa Blanca como asesora de política interna, dijo que Muñoz "se sintió decepcionada hasta los huesos".

"Era como si la línea de meta no parara de moverse", dijo Barnes, quien dejó la Casa Blanca en 2011.

Aunque el esfuerzo de reforma trastabilló, la deportación de inmigrantes no autorizados a estar en el país se disparó bajo la presidencia de Obama. En alguna ocasión Muñoz tuvo que defender las políticas del gobierno y afirmó que el presidente tiene que hacer cumplir las leyes aunque sean inadecuadas.

Un pequeño pero elocuente grupo de defensores de los derechos de inmigración vertieron en Muñoz su furia por cuenta de las deportaciones, acusándola de dar la espalda a los inmigrantes. Algunos incluso llegaron a pedir su renuncia.

Muñoz declinó ser entrevistada para este reportaje. Pero colegas tanto antiguos como de ahora dicen que las críticas hirieron a Muñoz profundamente y que se sintió traicionada por personas a las que consideraba amigos.

"Ella es una fuerte defensora de su punto de vista, pero también es un miembro leal del equipo del presidente y demás personal (de la Casa Blanca)", dijo Murguia. "Es un acto de equilibrio muy difícil y creo que a veces la ha dejado vulnerable a las críticas de otros".

Nacida en Detroit y descendiente de inmigrantes bolivianos, Muñoz pasó su adolescencia trabajando en un McDonald's antes de asistir a la Universidad de Michigan y cursar estudios de posgrado en la Universidad de California en Berkeley. Muñoz, de 50 años, es ganadora de la prestigiosa beca "genius" de la Fundación MacArthur por su trabajo sobre políticas de inmigración y derechos civiles.

Muñoz, que tiene dos hijas, se unió a la campaña presidencial de Obama en 2008 en calidad de asesora sobre asuntos hispanos. A pesar de sus fuertes conexiones en Washington, nunca había trabajado directamente en el gobierno antes de que Obama le pidiera tras su reelección que liderara la Oficina de Asuntos Intergubernamentales de la Casa Blanca, donde su trabajo se centró en mejorar las relaciones con funcionarios estatales y locales.

El año pasado Muñoz fue ascendida a jefa del Consejo de Política Nacional, convirtiéndose así en la hispana de más alto rango en la Casa Blanca al hacerse cargo de una amplia gama de políticas, como la educación y los derechos de los homosexuales. El nombramiento coloca a Muñoz en la cúpula de la Casa Blanca, aunque sigue manteniendo un perfil mucho más bajo que muchos de los demás asesores principales del presidente.

A pesar de su reputación de defensora enérgica, algunos colegas dicen que Muñoz, baja de estatura y de hablar suave, a veces puede ser subestimada en el círculo interno de la Casa Blanca, dominado en su mayoría por hombres. Los que están cerca de Muñoz dicen que es sensible, que llora con facilidad y que consulta a sus colegas; a veces invita a su oficina a empleados que tienen un mal día en la oficina y saca enormes bolsas de pretzels y chocolate para merendar.

En momentos en que los legisladores debaten las propuestas de inmigración de Obama, Muñoz ofrece asistencia técnica a los congresistas, buscando el apoyo de sus antiguos amigos activistas y preparándose para la posibilidad de que la Casa Blanca envíe al Congreso su propio proyecto de ley si las negociaciones se estancan.

Aunque sus compañeros de trabajo dicen que Muñoz es realista sobre los retos que enfrenta, ya ha pensado en estar presente en la Casa Blanca cuando Obama firme la primera ley integral de inmigración. Muñoz piense estar allí con la carta de Kennedy en la mano, un recordatorio de aquellos que allanaron el camino del largo viaje que está a punto de completar.