CALAIS, Francia (AP) — A los conductores de camiones que la atraviesan no les gusta. Tampoco a los millones de turistas que llegan cada año. Y los migrantes que se acumulan allí sólo piensan en una cosa: marcharse.

Más que nunca, parece que la gente llega a la ciudad portuaria de Calais —en el lado francés del canal de la Mancha— con el único propósito de marcharse.

Calais, que aparece en las obras de Charles Dickens y Víctor Hugo, es un núcleo natural para viajeros que evoca la relación de amor-odio entre Francia e Inglaterra. Testigos de ese papel clave son su enorme puerto, que recibe visitantes de Denver, la cercana parada del tren Eurostar y sus abarrotadas autopistas.

Pero en estos tiempos, todos los que vienen parecen ir camino de otro sitio. Y uno de los motivos es que los veraneantes que buscan escapar de la realidad cotidiana no quieren quedarse en una ciudad llena de míseros migrantes.

Las autoridades municipales atribuyen parte de la culpa a Gran Bretaña, a la que consideran responsable por ser el principal imán para los migrantes que llegan a Calais. La alcaldesa afirma que reclamará indemnizaciones por valor de millones de euros.

"Calais tiene un gran problema", señaló Kevin Westhead, un camionero británico que cruza el canal de forma habitual. Su camión se ve detenido cada vez más a menudo mientras Eurotunnel despeja el paso de migrantes que tratan de colarse hasta Gran Bretaña. "Con la cantidad de migrantes que creo que hay ahora, es un gran problema... No me gustaría vivir en Calais en este momento".


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Para miles de migrantes, Calais es la penúltima parada en un viaje peligroso que a menudo incluye una estancia en la caótica Libia y una arriesgada travesía a Italia por el Mediterráneo. Calais tiene campos de refugiado en las dunas cercanas, en zonas boscosas y al menos una tienda de alimentación. Los campamentos empezaron a aumentar después del cierre en 2002 de un hangar en la cercana Sangatte que alojaba a miles de migrantes.

La alcaldesa, Natacha Bouchart, consiguió que el gobierno francés estableciera un centro de auxilio fuera de la ciudad, donde se ha establecido un enorme campamento. El centro ofrece duchas y una comida diaria, además de reducir la presencia migrante en la ciudad.

"Los pulmones económicos de Calais se han visto muy afectados por esta situación", dijo el vicealcalde Emmanuel Agius, añadiendo que el golpe al turismo ha sido especialmente duro.

Unos 30 millones de personas pasan cada año por Calais, especialmente a través del puerto o el túnel, pero no se quedan para gastar dinero. "Estas personas son turistas potenciales", dijo Agius. "Pero estas personas no se ven tentadas de quedarse. El problema migrante es, por desgracia, devastador".

Calais es una ciudad de unas 75.000 personas con motivos para atraer turismo. Se encuentra en la costa de Ópalo y ofrecen unos pocos tesoros culturales, como el ayuntamiento de ladrillo rojo con una torre de reloj declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y una escultura de Rodin, "Los burgueses de Calais" en la plaza principal.

Pero en la localidad hay un ambiente sin alegría, y directamente sombrío en el centro. A las viviendas pequeñas les falta una mano de pintura, y plantas industriales marcan el paisaje. Una de ellas, una planta química, acogió en su día a cientos de migrantes en su terreno.

"En la actualidad, consideramos que tenemos importantes pérdidas financieras", dijo Agius, reiterando la petición de la alcaldesa de que se celebre una reunión a tres bandas entre ella y los primeros ministros de Francia y Gran Bretaña. La alcaldesa quiere celebrar la cumbre al final del verano, con la esperanza de que Calais reciba una compensación por sus pérdidas. La semana pasada, Bouchart dijo a medios francesas que pediría 50 millones de euros.

"La ciudad de Calais tiene derecho a vivir como cualquier ciudad europea", dijo Agius, "tiene derecho a desarrollarse como cualquier ciudad europea".

 

El encargado del Family Pub en Calais dijo haber sentido en sus finanzas el descenso de visitantes extranjeros. Los turistas foráneos suponen al menos el 30% de las ganancias del pub, por lo general veraneantes británicos de paso hacia el sur, o franceses y españoles que viajan al norte.

Xavier Elfassy culpa a los gobiernos franceses y británicos por no resolver la situación migrante, y dice que la mayoría de sus clientes ven a los migrantes como "los desafortunados que huyen de guerras".

"Tan sólo somos espectadores de su sufrimiento", dijo el encargado del pub.