DENVER - Para la época en que se graduó de la preparatoria Adams City de Commerce City, donde acumuló un GPA de 4.29, Viridiana Valdez tenía claro que quería ser abogada. Como nadie en su familia había ido a la universidad, ella carecía del conocimiento de algún familiar que pudiera contestarle las preguntas que la mayoría de los jóvenes tienen cuando quieren ir a la universidad.

El ser admitida a cualquier universidad - incluso a una muy, muy buena - nunca iba a ser un problema para Valdez. Con semejante promedio escolar (GPA, en inglés) y el haber completado 24 créditos universitarios mientras estudiaba en la preparatoria, seguramente iba a ser admitida en donde ella quisiera.

Para Valdez, quien se proyecta como la primera de su familia en graduarse de la universidad, lo difícil para estudiar leyes y eventualmente convertirse en abogada era por dónde empezar.

"No tenía guía sobre qué clases tomar, a dónde ir, cómo llegar a la escuela de leyes y tener éxito", dijo Valdez, alumna de primer año en la Universidad de Colorado en Boulder (CU). "Mis padres siempre me han empujado y animado a seguir adelante con la escuela - pero simplemente no sabían cómo ayudarme llegar a la universidad".

Recientes resultados de la Encuesta Nacional para el Compromiso de los Estudiantes demostraron que los alumnos de primera generación - aquellos cuyos padres no fueron a la universidad - tienen menos posibilidades de asistir a ésta si no cuentan con el asesoramiento adecuado, pero una vez que tienen las herramientas culturales, cómo funcionan las reglas y de mejores prácticas, la historia podría ser completamente diferente.


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Valdez, quien tiene pensado estudiar leyes una vez que acabe sus cuatro años de licenciatura, consiguió varias becas para poder ir a CU, cuyo costo pudiera ser de hasta 30.000 dólares al año. Una de esas becas viene del programa Law School Sí Se Puede, un programa que apoya a alumnos de primera generación a lo largo de los cuatro años de universidad y los prepara para la facultad de derecho, que es considerado un postgrado (para entrar hay que sacar primero una licenciatura o pregrado).

"Es un mundo completamente distinto cuando la gente crece con el beneficio de entender lo que significa ir a la universidad", dijo Phil Wieser, decano de la facultad de derecho de CU. "Aquellos que hemos sido afortunados de tener una carrera de derecho, tenemos la responsabilidad de mirar hacia atrás y apoyar a la siguiente generación".

Valdez hace énfasis al no dudar en pedir ayuda. Ella buscó a su consejera de la preparatoria, quien le sugirió que se matriculara en un programa dual mientras estaba en su tercer año de preparatoria, dijo Valdez. Un programa dual de preparatoria permite a los estudiantes tomar clases universitarias que cuentan para tanto para la preparatoria y la universidad.

Otra estudiante que participa en el programa Sí Se Puede es Alma Hinojosa, quien conoció a la jueza Christine Argüello durante un ejercicio escolar que simulaba una corte. Argüello no sólo es la primera en su familia en ir a la universidad sino también la primera jueza federa hispana del Distrito de Colorado.

"Mucho de ello fue suerte y pensé, '¿qué pasaría si sacáramos esa suerte de la ecuación para aquellos jóvenes que no vienen de un entorno rico o privilegiado?'", sostuvo Argüello, fundadora del Law School Sí Se Puede. "Cuando miras hacia atrás en tu vida, verás que a veces resulta que estás en el lugar adecuado, en el momento adecuado y conoces a la gente adecuada. ¿Qué pasa si les ayudamos a que tengan ese asesoramiento?"

La matriculación de hispanos en las facultades de derecho es típicamente baja. En 2014, y sólo por citar a dos escuelas de leyes en la zona de Denver, la matriculación de hispanos en la facultad de derecho de CU fue de 10%, y en la Universidad de Denver fue del 9%, según reportes de la American Bar Association, encargada de establecer los estándares en facultades de derecho en todo el país.

La tendencia en similar en universidad prestigiadas como Harvard, donde el 9% de alumnos de derecho fueron hispanos ese mismo año - o en estados con alta población hispana como California, donde la matriculación hispana fue del 12% en la Universidad de California en Berkeley.

Según Lorenzo Trujillo, presidente de Law School Sí Se Puede (y exdecano de la facultad de derecho de CU), el programa busca cerrar esta brecha para que más latinos trabajen en las cortes y en el sistema legal, y para que se conviertan en abogados, jueces y, por qué no, hasta en senadores.

Durante los cuatro años de pregrado, un grupo de abogados y estudiantes de derecho trabajan como voluntarios ayudando a los estudiantes becados por Sí Se Puede, yendo con ellos a talleres y estando disponibles a través de celulares, mensajes de texto o correo electrónico. Para cuando terminan sus cuatro años de pregrado, la transición a la facultad de derecho debería ser bastante sencilla.

"Esto está demostrando que el mayor obstáculo para que nuestros jóvenes de bajos recursos lleguen a la facultad de derecho es bajo, así que vamos a quitar ese obstáculo dándoles la oportunidad de tener la preparación adecuada que tienen aquellos que vienen de un entorno privilegiado", dijo la jueza Argüello.