Su imagen era casi impecable: atlética y guapa, una ex estrella del atletismo que compitió en tres Juegos Olímpicos. Tan brillante y saludable que Disneyland la contrató para dar charlas y se crearon premios de atletismo universitario en su honor.

Sin embargo, algo andaba mal en la vida de Suzy Favor Hamilton. La atleta olímpica de Wisconsin terminó por dedicarse a vivir como una prostituta de lujo.

Un "escape", según sus palabras, que era en realidad una forma de enmascarar un sueño americano trastornado, una tragedia de la vida real que socava el mito de que el éxito, la riqueza y la fama son un camino seguro hacia la felicidad.

"No espero que la gente lo entienda", dijo Favor Hamilton en una ráfaga frenética de tuits después de que trascendieron detalles sobre su vida secreta el jueves en un informe del sitio web The Smoking Gun. "Pero las razones para hacer esto tenían sentido para mí en ese momento y estaban muy relacionadas con la depresión".

Stanley Teitelbaum, un sicólogo que escribió el libro "Athletes Who Indulge Their Dark Side" (Atletas que se entregan a su lado oscuro) dijo que no es tan difícil de entender. Después de retirarse, y pasar la mayor parte de su vida tratando de vivir de acuerdo con un cierto ideal y conseguir sus puntos más altos gracias a los picos de adrenalina de los competitivos deportes de élite, la vida del día a día en el mundo corriente puede parecer aburrida.


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"Hay que pensar en una desahogo emocional, tal vez en su caso, un desahogo no convencional, una forma de drogarse al ser de alguna manera una chica mala en contraste con la imagen de una honorable atleta olímpica", dijo Teitelbaum.

En una entrevista a principios de este año con el Milwaukee Journal Sentinel, Favor Hamilton dijo que se enfrentó a la ansiedad, a un trastorno de la alimentación y luchó contra la depresión posparto después del nacimiento de su hija, Kylie, ahora de siete años. Sin embargo, le dijo al periódico, "me siento mejor de lo que nunca me he sentido".

En el momento de la entrevista, ella vivía una doble vida como "Kelly Lundy", una chica de un servicio de acompañantes con sede en Las Vegas que cobraba 600 dólares por hora.

Al parecer, el motivo no era el dinero. En el perfil del Journal Sentinel, Favor Hamilton dijo que daba más de 60 discursos motivacionales cada año y dirigía una exitosa firma de bienes raíces, además de hacer presentaciones para Disney. The Smoking Gun informó que una revisión de los registros públicos mostró que vivía en una casa de 600.000 dólares en el suburbio de Shorewood Hills, en Madison, y que ni ella ni su esposo, Mark, mostraban ninguna señal de atravesar dificultades financieras.