WASHINGTON-En una carrera contra el tiempo, la Casa Blanca concertó poco antes del Año Nuevo un acuerdo con los republicanos en el Senado que neutraliza alzas a los impuestos y reducciones a los programas gubernamentales que entrarían en vigencia al inicio de 2013, dijeron funcionarios y demócratas en el Senado.

Según el acuerdo, los impuestos permanecerán sin variación para la clase media y se incrementarán a individuos que ganen anualmente más de 400.000 dólares y a parejas que tengan ingresos de 450.000 dólares, niveles que rebasan los propuestos por el presidente Barack Obama durante su campaña en la que logró la reelección para un segundo periodo.

Fueron aplazados los recortes a los gastos por 24.000 millones de dólares en dos meses que afectarían al Pentágono y programas domésticos.

El acuerdo da tiempo a la Casa Blanca y los legisladores para que se reagrupen antes de que caigan rápidamente de nuevo en una nueva ronda de disputas presupuestarias peligrosas que con seguridad girarán en torno a las exigencias de los republicanos de frenar los costos al Medicare y a otros programas sociales.

Las autoridades decidieron de último minuto la aplicación de una medida que impidió un aumento de 900 dólares a la paga de los legisladores y que entraría en vigencia en el primer trimestre.

Incluso para la cotidianidad disfuncional de la parálisis entre el gobierno y el congreso, fue notable la actividad entre ambas partes -ubicadas en los extremos de la histórica avenida Pennsylvania- ya que hasta las últimas horas de 2012 estuvieron regateando en torno a sus diferencias, las cuales han perdurado bastante tiempo.

"Una característica de este Congreso con la que podemos contar es que si incluso resta un segundo para hacer lo que se supone que hay que hacer, aprovechará ese último segundo", dijo el presidente horas antes.

Mientras anochecía en el último día de 2102, Obama, el vicepresidente Joe Biden y sus asistentes estaban trabajando en la Casa Blanca, y las luces estaban encendidas en la Cámara de Representantes y el Senado.

Los demócratas se quejaban de que Obama había cedido demasiado al aceptar limitar los aumentos de impuestos a ingresos superiores a 450.000 dólares anuales, muy por encima del nivel de 250.000 dólares que mencionó durante su campaña de reelección. No obstante, algunos republicanos habían respingado ante la perspectiva de un alza a los impuestos.

Una disputa sobre el impuesto de sucesión produjo acusaciones de mala fe por parte de ambas parte, pero no un compromiso expedito.